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5 razones por las que visitar la Alhambra

5 razones por las que visitar la Alhambra

¿Que por qué debes visitar la Alhambra? Si un «porque es preciosa» no te motiva lo suficiente, en este artículo te damos otros cinco motivos por los que debes verla.

La Alhambra es uno de los lugares más espectaculares y evocadores del mundo. Dicen que el sultán que la fundó, Muhammad ibn Naṣr, de la dinastía nazarí, la llamó al-Ḥamrā («la roja») en honor a su barba rojiza. En su época de mayor esplendor, la Alhambra fue una verdadera ciudad fortificada funcional y autosuficiente con respecto a Granada, la ciudad situada a sus pies. Cada rincón (jardines, templo, baños árabes) rebosa arte, belleza y cultura.

¿Te gusta el arte antiguo y descubrir lugares con historia? ¿Te gusta estar rodeado de naturaleza, oler el perfume de las flores y hacer fotos? Si la respuesta es sí, prepara las maletas y pon rumbo a Granada para visitar la Alhambra. Si «porque es preciosa» no te convence, echa un ojo a otros cinco motivos por los que debes ir.


La Alhambra

1. La Alhambra tiene muchas historias que contar

¿Sabes quién dijo: «Llora como una mujer lo que no supiste defender como hombre»? No, no fue uno de los personajes de alguna saga de George R. R. Martin, sino la madre de Boabdil, el último sultán de Granada. Según cuentan, cuando el ejército de los Reyes Católicos llegó a Granada en 1492, el sultán escapó de la Alhambra y dejó la ciudad en manos de sus enemigos. Mientras escapaba volvió la vista atrás y contemplar por última vez tan espléndido lugar le hizo emocionarse hasta las lágrimas. Su madre, enfurecida por la entrega y por el comportamiento de su hijo, pronunció esas «dulces» palabras para consolarlo. Boabdil no solo sería recordado como el último sultán de la dinastía nazarí, sino también como un hombre poco afortunado en el terreno sentimental. Su mujer, Moraima, lo engañó con un caballero de la familia de los abencerrajes. Cuando Boabdil se enteró de la relación, no se tomó el asunto demasiado bien, claro. Con la excusa de dar un banquete invitó a aquel caballero y a otros 36 al palacio y los mandó degollar en cuanto cruzaron el umbral. Luego repudió a la sultana y la encerró en una estancia de la Alhambra. En la actualidad se conserva el tronco del ciprés que los dos amantes escondieron en su momento. También dicen que las manchas de óxido del fondo de la alberca y del canal de la Sala de los Abencerrajes son, en realidad, manchas de sangre de los caballeros asesinados.


El tronco del ciprés, testigo silencioso del amor ilícito de la reina Morayma.

2. El espectacular arte andaluz

Dentro de la Alhambra no verás cuadros ni pinturas. En realidad, la propia Alhambra es una obra de arte de elementos arquitectónicos y colores que cubren cada centímetro de sus muros en una gruesa red de arabescos que fueron creados pieza a pieza utilizando pequeños moldes. Estos motivos decorativos tienen un significado muy específico. Son creados siguiendo los principios de repetición y simetría en elementos individuales que representan la unidad de Dios y su presencia omnipotente.


Un ejemplo de los arabescos que decoran los palacios de la Alhambra

3. Una fascinación literaria que atraviesa los límites de las lenguas y el paso del tiempo

Las estancias de la Alhambra no solo están impregnadas de la fascinación literaria de las historias de Las mil y una noches, que en 1829 inspiró a Washington Irvin a escribir sus propios cuentos de la Alhambra. En los muros podrás ver grabados versos de poemas que hablan de la grandeza de Dios y de la belleza de Granada, escritos en una lengua antigua que solo unos pocos pueden descifrar. La Alhambra fue un organismo autosuficiente a todos los efectos y, por este motivo, sus habitantes hablaban y escribían en una lengua que combinaba elementos arábigos con otros de Al Ándalus. Los poemas grabados en el perímetro interior de la magnífica Sala de Las Hermanas, dice así (traducido al español): «Obra sublime, la fortuna quiere/ que a todo momento sobrepase. / ¡Cuanto recreo aquí para los ojos!».


Un detalle de la cúpula de la Sala de Las Hermanas

4. La belleza natural de los jardines del Generalife

La Alhambra no es solo lugar de arte, literatura y leyendas, sino también de una extraordinaria belleza natural. Se sitúa en una colina rodeada de frondosa vegetación y los jardines del Generalife son un espectáculo de flores, plantas y aromas. Algunas zonas de los jardines son originales y se caracterizan por la presencia de orquídeas y naranjos, plantados en época de sultanes con un objetivo eminentemente práctico. Los árboles proveían a los habitantes de la ciudadela de fruta, además de servir como repelente de insectos. Algo también típico de los jardines son los espejos rectangulares de agua calma, que difieren de las fuentes que pueden verse en la parte del jardín reformada recientemente. Los frondosos jardines del Generalife son la antesala del paraíso que describe el Corán, con sus rosales y mirtos, con sus plantas trepadoras y sus bellas glicinias.


La exuberante naturaleza de los jardines del Generalife

5. Las magníficas vistas de Granada en todo su esplendor

Como fortaleza que era, la Alhambra se construyó en una ubicación privilegiada en la parte más alta de la ciudad, con la alcazaba en el punto más alto del recinto. Desde la Alhambra puedes contemplar Granada a tus pies, el barrio del Albaicín, las cuevas del Sacromonte y los picos nevados de Sierra Nevada (donde todos los años se celebra el campeonato del mundo de esquí y snowboard). Un espectáculo asombroso muy de Instagram.


Vista de las cuevas del Sacromonte desde la Alcazaba

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