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Edvard Munch en 9 cuadros

Edvard Munch en 9 cuadros

Descubre los cuadros más famosos de Edvard Munch, el famoso pintor y grabador noruego, conocido en el mundo entero por la obra «El grito»

Edvard Munch es un famoso pintor y grabador noruego, considerado por muchos como uno de los precursores del expresionismo. Su trágica infancia, marcada por la muerte de su madre y su hermana, influyó no solo en su personalidad, sino también en su obra. Para plasmar el lado más afligido del alma humana, el artista desarrolló un estilo muy propio caracterizado por la acentuación de las líneas, la expresividad de los rostros y el uso simbólico del color. La enfermedad, la muerte, la soledad y la tragedia fueron algunos de los temas centrales de sus creaciones durante toda su carrera.

A continuación, repasamos algunas de las obras más emblemáticas de Munch:

El grito

De esta conocida obra de Munch existen cuatro versiones. La más famosa se encuentra en la Galería Nacional de Noruega y fue realizada en 1893. El Museo Munch de Oslo alberga otras dos versiones, mientras que la cuarta pertenece a una colección privada. Como dato curioso, cabe mencionar que dos de estos cuadros fueron robados, pero, por suerte, recuperados poco después.

En todas las versiones del cuadro aparece una figura andrógina en primer plano con el paisaje de Oslo como telón de fondo. La expresión de angustia del protagonista ha marcado un antes y un después en la historia del arte. Se dice que el artista se habría inspirado en una momia peruana que había visto en París.

 

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Melancolía

Edvard también pintó varias versiones de Melancolía. En esta ocasión, el noruego se inspiró en la historia de amor fallida de uno de sus amigos, Jappe Nilssen, y retrató al protagonista del cuadro sentado y con semblante triste y pensativo en la playa de Asgardstrand.

 

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Ansiedad

Esta obra, expuesta en el Museo Munch, data de 1894. En ella, Edvard Munch plasma la angustia y la ansiedad de la sociedad de la época, causada en parte por la incertidumbre generada por la rápida transformación del mundo moderno. Los protagonistas del cuadro nos recuerdan a otra de sus obras, Tarde en la calle Karl Johan, mientras que el fondo es el mismo que aparece en El grito.

El beso

Este lienzo forma parte de la serie El friso de la vida, que agrupa varios trabajos realizados por el artista a lo largo de 30 años, y en los que pretende representar las distintas fases de la relación entre el hombre y la mujer. Uno de los aspectos más destacados del cuadro es la unión total de los protagonistas, cuyas caras se fusionan por completo al besarse.

 

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Madonna

La Virgen María ha sido la protagonista de innumerables obras de arte a lo largo de la historia, y esta quizás sea la particular visión de Edvard Munch, aunque algunos historiadores sostienen que el cuadro hace referencia a su amiga Dagny Juel-Przybyszewska. Sea como fuere, el artista realizó varias versiones, algunas de las cuales pueden verse en el Museo Munch y en la Galería Nacional de Noruega. Llama la atención la postura sensual de la protagonista y el halo rojo, símbolo del amor y del dolor.

 

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Celos

Este cuadro forma parte de una serie en la que se incluyen más de 10 obras que el artista pintó a lo largo de su vida. Una de las más famosas se encuentra en el Museo Kode de Bergen. En esta versión en concreto, el artista representa un triángulo amoroso: el escritor Stanisław Przybyszewski, su mujer y el propio Munch. Juel, la esposa de Przybyszewski, aparece vestida de rojo y se muestra seductora cogiendo la manzana del pecado, mientras que su marido está en primer plano mirando directamente al espectador, mostrando sus sentimientos.

 

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La niña enferma

Al igual que con muchas otras obras de Munch, existen varias versiones de este cuadro. En todas ellas, el pintor noruego plasma uno de los momentos más traumáticos de su vida: el lecho de muerte de su hermana Johanne Sophie, de tan solo 15 años, acompañada de una mujer más mayor, probablemente su tía.

La danza de la vida

En este cuadro, Edvard Munch abarca la temática del paso del tiempo, de la vida y del amor. A ambos lados de la pareja protagonista de la pintura hay una mujer: la primera, de blanco, es más joven y llena de vida, mientras que la segunda mujer, de negro, tiene una expresión triste y oscura.

Separación

En esta obra de 1896, mientras una mujer situada frente al mar parece evaporarse, el protagonista masculino, con su mano ensangrentada en el corazón, sufre. A sus pies, crece una planta roja. Dicho color simboliza el amor, el dolor y la sangre.

 

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Imagen de portada: Eric Perlin en Pixabay

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