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5 motivos para visitar el Monte Saint-Michel

5 motivos para visitar el Monte Saint-Michel

Echa un vistazo a nuestros cinco motivos para visitar Monte Saint-Michel, el tercer lugar más visitado de Francia.

Para cualquiera con un poco de imaginación, Monte Saint-Michel es como un sueño hecho realidad. Este pueblo medieval dominado por su abadía parece un castillo de arena de tamaño real colgado de una roca granítica en medio del mar y es el tercer lugar más visitado de Francia, por detrás de la torre Eiffel y Versalles. A continuación te contamos por qué Monte Saint-Michel es un destino de obligada visita para viajeros de cualquier parte del mundo.

1. Porque es una isla

Monte Saint-Michel, ubicado a unas tres horas y media de París, es todo un símbolo del patrimonio francés. Situada sobre un islote rocoso, esta maravilla ofrece un espectáculo natural marino único que solo puede contemplarse desde arriba, no desde tierra firme. Algunos días, cuando la marea alcanza un coeficiente mayor de 110, el monte se convierte en una isla. El mejor momento para verlo es dos horas antes de la subida de la marea, para así no perderte la subida del agua.

2. Por su abadía

El encanto de Monte Saint-Michel se debe en parte a su silueta incomparable, gracias a la abadía benedictina, coronada por el arcángel San Miguel. En el siglo X los monjes benedictinos comenzaron la construcción de la abadía en Monte Saint-Michel, que posteriormente se convirtió en uno de los lugares de peregrinación más importantes de la época medieval. La abadía tiene una arquitectura impresionante que se adapta a las pendientes rocosas y tiene más de 150 metros de altitud, además de integrarse perfectamente con el monte. Las visitas nocturnas durante el verano son especialmente recomendables.

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3. Para probar la tortilla de Mére Poulard

En cualquier visita a Monte Saint-Michel no puede faltar una parada en Mére Poulard, una taberna famosa por sus tortillas, preparadas en horno de leña (todo un símbolo de la gastronomía francesa) siguiendo una receta de hace 130 años. Mére Poulard abrió sus puertas en 1888 y hoy forma parte de la identidad de Monte Saint-Michel. Si buscas un recuerdo gastronómico del viaje, puedes comprar las deliciosas galletas de mantequilla de Mère Poulard en varias tiendas del municipio.

4. Para cruzar la bahía

Hay mil y una formas de cruzar la bahía de Monte Saint-Michel: a pie, en bicicleta, en caballo e incluso en kayak o girocóptero. La experiencia de cruzar la bahía te permite disfrutar de un ecosistema variado con interesantes ejemplos de fauna y flora. En algunos cruces organizados por guías oficiales puedes aprender a librarte de las arenas movedizas. Ni que decir tiene, que cruzar la bahía solo es peligroso y solo debes hacerlo acompañado de un guía oficial.

5. Para probar el cordero près-salé

Atención, carnívoros: el cordero près-salé de la bahía de Monte Saint-Michel es una de las carnes más prestigiosas del país. Como bien habrás imaginado, los corderos pastan por las praderas y se alimentan de plantas yodadas, salinas y halófitas, que forman parte de la flora única de la bahía de Monte Saint-Michel. La cría del ganado sigue métodos ancestrales y los corderos crecen al ritmo de la marea. Su carne se caracteriza por su delicadeza, su grasa veteada, su color rosado y su sabor excepcional, lo que la convierte en una carne muy apreciada en Francia.

Le Mont Saint-Michel with sheep grazing on green meadows in summer, Normandy, France

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