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Qué ver en Lisboa en 3 días: ¡una ruta alternativa!

Qué ver en Lisboa en 3 días: ¡una ruta alternativa!

Siempre quise ver Lisboa con ojos de turista, aunque es complicado, ya que fue allí dónde estudié, trabajé, compré casa y donde me enamoré (varias veces) de la ciudad y de algunas personas.

Este año tuve la oportunidad de regresar por primera vez a Lisboa, tras haberme mudado a México en el 2016, cuando la capital portuguesa comenzaba ya a despuntar como uno de los destinos europeos más buscados. Me encontré un lugar diferente: una ciudad más cosmopolita, nuevos restaurantes de cocina internacional o de cocina tradicional con un twist, kilómetros de carriles bici, bicicletas eléctricas, escúteres y tuk tuks.

Lisboa ya no es solo pasado, sino también futuro y vanguardia, aunque todavía conserve esa «decadencia» que atrae a cientos de instagrammers que se fotografían junto a los viejos tranvías y ascensores llenos de grafitis, o a celebridades como Madonna, que se inspiran en los ritmos portugueses, africanos y brasileños, esta fusión de culturas que siempre ha sido el alma de Lisboa. La ciudad es más vibrante que nunca, con un montón de edificios renovados, y con barrios, como Marvila, Graça, Intendente o Arroios, que hace unos años eran solo zonas residenciales y que ahora se han convertido en centros artísticos y gastronómicos de la ciudad.

Día 1

El primer día en Lisboa hay que visitar Belém. Hace años conocí a un brasileño que trabajaba en Angola y me dijo que prefería hacer escala en Lisboa de camino a Brasil solo para poder comer media docena de pastéis de Belém. Además de los deliciosos pasteles, en esta zona se encuentra el impresionante Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém, otras dos paradas imprescindibles. A orillas del Tajo encontramos también el edificio del nuevo Museo de Arte, Arquitectura y Tecnología (MAAT), un ejemplo evidente de la metamorfosis de Lisboa, y el Museo de carruajes, que ha cambiado de ubicación y ahora se encuentra en esta zona.

Tras explorar Belém, para regresar al centro y descubrir la zona de la ribera, podemos subir a cualquier tranvía con dirección a Cais do Sodré o Praça da Figueira. Hoy en día, es posible caminar tranquilamente desde el Cais das Colunas, a través de una pasarela de madera, paralela al río, hasta una explanada con tumbonas con vistas al Tajo, un lugar perfecto para la lectura o para disfrutar de una cerveza. A muy poca distancia, se encuentra el Mercado da Ribeira, el lugar de moda en Lisboa lleno de puestos de comida, que incluyen propuestas gastronómicas de reconocidos chefs portugueses. Si prefieres algo más tradicional, camina hasta la parte de atrás del mercado y en la Rua de São Paulo todavía encontrarás tabernas económicas que sirven platos tradicionales.

¿Te parecen demasiados lugares para recorrer en un día? Lisboa tiene una característica curiosa: parece gigante en Google Maps, pero en realidad es bastante transitable. Y todo está cerca. Tan cerca que desde la zona de la ribera se puede subir por la Rua do Alecrim y llegar fácilmente caminando hasta el Bairro Alto o Príncipe Real, donde conviven en armonía restaurantes tradicionales con hamburgueserías gourmet y locales de comida asiática u oriental. De camino, haz una parada en el elegante Palacio Chiado, toda una experiencia para los sentidos. En Barrio Alto, hay muchas opciones para disfrutar de un buen vino en la calle, como el Lisbon Winery o Bairrus Bodega, ambos en Rua da Barroca.

Día 2

El barrio de la Baixa también ha cambiado, unos piensan que para bien y otros para mal. Ahora, para subir a la Praza do Carmo con el ascensor de Santa Justa, hay que esperar en fila un buen rato. En la Rua Augusta, en el corazón de la Baixa, se han abierto un puñado de tiendas dedicadas a los sabores portugueses, desde conservas hasta pasteles de bacalao, interesantes para una primera toma de contacto con la gastronomía de la ciudad, aunque no demasiado «auténticas». Después de años cerrado al público, en la actualidad es posible subir a la cima del arco de triunfo de la Praça do Comércio para disfrutar de unas vistas espectaculares de la plaza y de la Baixa pombalina.

Durante mi estancia en la ciudad, me encontré con más opciones para disfrutar Lisboa desde las alturas. Uno de los lugares más impresionantes está, quizás, en la parte de atrás del Convento do Carmo. Bajando unas escaleras, encontrarás un patio con un bar y un restaurante con una de las mejores vistas de Lisboa al ascensor de Santa Justa, al castillo y al barrio de Graça. Otra opción son las terrazas que se han abierto en los últimos años: el Park, al que se accede a través de un aparcamiento en la Calçada do Combro, ofrece una de las vistas más espectaculares al Puente 25 de Abril; la azotea del Hotel Mundial da al castillo, al barrio de Martim Moniz y las calles de Mouraria; y el Sky Bar tiene vistas a la Avenida da Liberdade, donde cada vez hay más tiendas de marcas de lujo.

Para terminar el día, sube a lo alto del Parque Eduardo VII para admirar la puesta de sol de Lisboa, que sigue siendo una de las más bellas que he visto.

¿Y para la cenar? Evita los lugares turísticos, como la Rua das Portas de Santo Antão (aunque la Casa do Alentejo sí merece una visita) y acércate a barrios menos turísticos, como Anjos o Graça, donde todavía hay restaurantes frecuentados (casi) exclusivamente por lisboetas. O, si realmente quieres una opción más alternativa, dirígete a Martim Moniz y Mouraria, donde hay varias opciones de restaurante indios e incluso algún chino ilegal (pero para encontrarlo necesitarás la ayuda de un local, ya que no están señalizados).

Día 3

Aunque el último día debería de ser para descansar, hay demasiados lugares por descubrir o redescubrir en Lisboa. Por ejemplo, la zona de Marvila, un antiguo barrio obrero que hasta hace poco estaba bastante olvidado y que hoy en día rebosa vida. Su calle más concurrida, Rua do Açúcar, cuenta con varias galerías, tiendas, una fábrica de cerveza y restaurantes de estilos vintage.

Lo mismo ocurre con los barrios multiculturales de Anjos y Arroios, que en los últimos tiempos no dejan de aparecer en las listas de los barrios europeos más cool. Cuando vivía en Lisboa, mi casa estaba en el barrio de Penha de França, y Arroios tenía muy poca vida, especialmente una de sus principales arterias, Morais Soares. Ahora tiene una de las mejores librerías de Lisboa, heladerías artesanales y un mercado que alberga uno de los restaurantes más populares de la ciudad, el Mezze, donde cocinan familias de refugiados sirios.

Si todavía tienes energía, continúa la ruta y descubre maravillas arquitectónicas como el Acueducto de Aguas Libres, o relájate en el Jardim da Estrela, junto a la Basílica del mismo nombre. Si prefieres un plan más tranquilo para tus últimas horas en la ciudad, siéntate en una terraza y admira el ritmo tranquilo de la ciudad mientras saboreas un buen pastel de nata.

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