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Salta, la puerta de entrada al norte de Argentina

Salta, la puerta de entrada al norte de Argentina

Si viajas a Argentina, pon rumbo al noroeste desde Salta en dirección a la antigua meseta del Altiplano andino, que abarca parte de Perú, Bolivia y Chile, para descubrir impresionantes e inesperados paisajes, desde valles rebosantes de vida hasta desolados desiertos de sal.

Argentina es un país de enorme extensión que ofrece alternativas para todos los gustos, desde animados centros urbanos, como Córdoba y Buenos Aires, hasta espectaculares maravillas naturales, como las cataratas del Iguazú, los glaciares de la Patagonia, los verdes viñedos de Mendoza, las playas de Mar del Plata y sus vastos parajes desérticos. Si viajas al noroeste, en dirección a las fronteras de Chile y Bolivia, llegarás a la provincia de Salta, un microcosmos que refleja a la perfección la belleza natural de Argentina y que ofrece al visitante bodegas en Cafayate, desiertos de sal parecidos a los de Bolivia, desiertos rojizos similares a los de Atacama, en Chile, ruinas precristianas que dan fe del pasado preinca de Perú y construcciones coloniales parecidas a las de Colonia, en Uruguay, entre muchos otros atractivos.


La ciudad de Santa en Argentina, fotografía de Federico Bellani

La mejor época para visitar Salta es durante el invierno austral, cuando el clima es soleado y seco,  pero no asfixiante, lo que -tras una ardua investigación del país- catapultó a la provincia de Salta hasta el primer puesto de mi lista de deseos. La mejor forma de visitar la provincia es establecer la base en Salta, ya que la ciudad cuenta con aeropuerto, y explorar desde ahí la amplia oferta de la región. Nosotros reservamos un total de cinco días: tres días y dos noches para una excursión a Tolar Grande y un día y medio para una excursión a la Quebrada de Purmamarca y las Salinas Grandes. A continuación, un itinerario real y comprobado para una visita relámpago pero completa a la provincia de Salta.


Cabildo del siglo XVIII en Salta, fotografía de Federico Bellani

Salta, la Linda. El aeropuerto de Salta está situado a solo 15 minutos del centro, algo esencial para los viajeros que disponen de pocos días en Argentina. Salta cuenta también con varios hoteles boutique distribuidos por toda la ciudad, lo que la convierten en la base perfecta para explorar la región. Salta, conocida como “la Linda”, fue fundada en 1582 y ofrece al turista un montón de atractivos que abarcan desde cultura hasta naturaleza y diseño. La ubicación de Salta te permitirá viajar a las quebradas o relajarte tras un agotador día de aventuras. Su céntrica plaza, que alberga la magnífica catedral de Salta, conserva pintorescos ejemplos de arquitectura colonial, como su impresionante ayuntamiento, que data del siglo XVIII, construido alrededor de un jardín exuberante bordeado de naranjos. La plaza, repleta de bares y cafeterías, ofrece un ambiente muy animado a última hora de la tarde, cuando los locales acuden a dar un paseo y tomar un vino en sus bares. Desde la plaza se extienden casas coloniales multicolores de 2 plantas, que brillan con todo su esplendor durante las horas de sol. Salta se encuentra en el valle de Lerma, a 1.152 metros sobre el nivel del mar, al pie de los Andres. Sus cielos azules y su aire seco convierten al lugar en el escenario perfecto para hacer turismo. ¡Nada de lo que hayas visto antes te preparará para lo que te espera fuera de la ciudad!


Puna, Argentina; fotografía de Federico Bellani

Altiplano, Puna y Tolar Grande. A pesar de estar lejos de la comodidad que ofrece Salta, si te encuentras en esta parte del mundo, no deberías perderte la pequeña localidad de Tolar Grande, lo que te permitirá explorar el Altiplano, la Puna de Atacama y los salares que hay por el camino. Si te diriges a Tolar Grande (base ideal para una visita de 3 días y 2 noches a los Andes desde Salta), lo mejor es encomendar esta parte del viaje a un guía profesional, ya que el territorio es complicado y potencialmente peligroso. El Abra de Gallo, a un día completo en coche de Salta, tiene una altura de 4.630 metros y transporte al visitante a otro mundo. Sus montañas grises, salpicadas de cactus y llamas, conducen a la Puna de Atacama, parte del Altiplano, que ocupa parte del norte de Chile y Argentina, el oeste de Bolivia y el sur de Perú con una altura media de 3.750 metros. Extensiones de hierba verde y amarilla se mecen formando ondas al ritmo del frío viento. De hecho, el único movimiento que podrás apreciar a esta altura, sin tener en cuenta el de tu vehículo, es el del viento, las pequeñas manadas de vicuñas en la distancia y el horizonte. A medida que las horas pasan, el sol se eleva sobre estas antiguas montañas, transformando por completo sus colores y tonalidades. Y todo ello bajo el cielo más azul que jamás hayas visto. Es prácticamente imposible hacer una lista de las innumerables maravillas naturales que pueden verse durante este itinerario de 10 horas. Pero el espectacular paisaje de Puna a Los Colorados -una cordillera de roca roja cruzada por una carretera ascendiente, conocida como las Siete Curvas-, las tonalidades rojas del Desierto del Diablo y el igualmente espectacular Salar del Diablo convierten a este viaje en una experiencia inolvidable.


Ojos de Mar, Argentina, fotografía de Federico Bellani

Tras pasar la noche en Tolar Grande, el día que se avecina promete lugares inusuales que trasladan al visitante desde un paisaje marciano hasta un paisaje lunar, por así decirlo. El día empieza con una excursión a Ojos de Mar, seis pequeñas lagunas de agua salada situadas en una zona de salares a las afueras de la localidad. Además de crear un espectáculo único, las lagunas albergan estromatolitos, rocas calcáreas creadas a partir de cianobacterias y capas de sedimentos, conocidos como los fósiles más antiguos de la tierra. Desde aquí, te puedes dirigir al Salar de Arizaro, el sexto salar más grande del mundo, donde podrás admirar el Cono de Arita, un peculiar volcán de forma cónica que se levanta en medio del salar, tan espectacular como inesperado.


Volcán Lullaillaco, fotografía de Federico Bellani

Durante el trayecto de Salta a Tolar Grande, recorrerás la Quebrada del Toro en dirección a San Antonio de los Cobres, una localidad fea y polvorienta de visita casi obligada, y no solo porque sea la puerta de entrada a Puna. El Tren a las Nubes, un servicio ferroviario que comunica el noroeste de Argentina con la frontera chilena a través de los Andes, a unos 4.220 metros sobre el nivel del mar, es la quinta vía ferroviaria más alta del mundo. Construida originalmente por razones sociales y económicas, pronto se convirtió en la principal vía comercial entre Argentina y Chile. Si no dispones de mucho tiempo para visitar la zona, elige un tour que incluya el traslado en tren de Salta a San Antonio y el regreso en autobús a través de las Salinas Grandes.


Salinas Grandes, Argentina; fotografía de Federico Bellani

Adentrándonos en Jujuy: Salinas Grandes y Purmamarca. Con un tour privado podrás viajar hasta San Antonio de los Cobres (a la vuelta de Tolar Grande) directamente desde las Salinas Grandes y, a continuación, hasta Purmamarca, en la región de Jujuy. A pesar de que este era nuestro plan original, tuvimos un inesperado problemilla con el coche y terminamos regresando a Salta para viajar directamente hasta Jujuy al día siguiente. Con independencia de la forma que elijas para llegar, las Salinas Grandes, con una altitud media de 3.450 metros sobre el nivel del mar, cubren una extensión de 212 km² y ofrecen un paisaje desolador de increíble belleza. El paisaje ininterrumpido formado por la planicie y el horizonte ofrecen un amplio abanico de posibilidades para los amantes de la fotografía con efectos y panorámicas espectaculares. Además de las Salinas, otro de los lugares que merecen una visita es la Quebrada de Humahuaca, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2003. El cerro de los Siete Colores rodea la localidad de Purmamarca creando un marco incomparable que sorprende al visitante. A pesar de que la localidad tiene un ambiente turístico con cafeterías, tiendas de artesanía y algunas de las mejores empanadas que probamos durante el viaje, ofrece un paréntesis del aislamiento de los días anteriores, aunque ciertamente le falta algo de autenticidad.


El cerro de los Siete Colores, fotografía de Federico Bellani

Consejos, direcciones y especialidades. Aunque el propósito real del viaje era aventurarnos por Puna y los desiertos, todos necesitamos un poco de descanso y diversión de vez en cuando. En Salta, existen un montón de opciones entre las que elegir en lo que a hoteles boutique se refiere. Justo a las afueras de la localidad, la Finca Valentina -cuyo nombre resulta de lo más elegante, si se me permite decirlo- es la combinación perfecta entre cultura gaucha y diseño, con un toque de viejo encanto italiano, pues sus propietarios son de origen italiano. En el centro de la localidad se encuentra el Balcón de la Plaza, situado literalmente a pocos pasos de la plaza principal. Cuenta con habitaciones magníficas decoradas con artesanía local, lo que aporta un toque moderno y acogedor. El espectacular Legado Mítico es una opción más lujosa, pero vale mucho la pena si estás dispuesto a tirar la casa por la ventana. Cabe destacar su suite máster, equipada con una cama con dosel, una terraza romántica y dos baños (sí, has leído bien) de estilo palaciego. Como en el resto de Argentina, la gastronomía de Salta se basa en la carne y las raciones suelen ser ENORMES. Mientras que las parrillas y las empanadas (las empanadas típicas de Salta se hacen al horno, no en sartén) son la apuesta más segura, vale la pena experimentar con los tamales (una masa de harina de maíz enrollada como un dulce y rellena de ternera, patata, especias, sal y pimienta). El exquisito locro, cuyo origen resulta difícil de establecer, es un guiso típico de la tradición gastronómica andina. Aunque no es apto para vegetarianos, es una alternativa más ligera a los tradicionales platos de carne. Se elabora tradicionalmente con maíz, judías, chorizo, carne de cerdo o ternera y verduras variadas, como cebolla o pimiento.


El Desierto del Diablo, Argentina; fotografía de Federico Bellani

Por supuesto, la región también ofrece un montón de vinos diferentes, desde malbec hasta uvas locales. Toma nota de la uva torrontés, cultivada únicamente en Salta, una variedad que produce un vino blanco dulce y ligero. Otra de las especialidades locales es la sidra. Pasa de la Quilmes y prueba las cervezas artesanales de Salta, entre las que destaca “Me echó la Burra”.

Si lo que buscas es una noche de diversión, dirígete a cualquiera de las numerosas peñas de Santa, pequeñas salas de música tradicional en las que músicos locales cantan y bailan al ritmo de las guitarras. Otra alternativa, aunque algo más turística, es La Vieja Estación y los diferentes locales de Balcarce, una calle dedicada exclusivamente al ocio nocturno. Un consejo: los bailarines suelen sacar a bailar al público, así que si el baile no es lo tuyo, siéntate en una mesa lejos del escenario.


Cono de Arita, Argentina.; fotografía de Federico Bellani

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