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Visitar Viena por primera vez: 12 cosas que ver y hacer

Visitar Viena por primera vez: 12 cosas que ver y hacer

Suele ser difícil escoger qué ver y hacer en una ciudad. Aquí tenéis 12 cosas imperdibles que ver y hacer cuando visitéis Viena por primera vez.

Hacía años que quería visitar Viena: me la imaginaba una ciudad elegante, romántica y refinada, con atractivo del pasado y atmósfera moderna.

En definitiva, tenía las expectativas muy altas, y por lo tanto tenía muchas posibilidades de que me decepcionara.

Pues bien, mis expectativas fueron incluso superadas: me esperaba una ciudad elegante y suntuosa con atractivo del pasado y quedé boquiabierta ante cada palacio, cada casa, cada balcón o vidriera.

Me esperaba una ciudad con atmósfera moderna y encontré una ciudad vibrante desde el punto de vista cultural, inclusiva, dispuesta a acoger a todo el mundo al son de música que suena por las calles en todo momento, cuando menos te lo esperas.

Love is Love, semáforos vieneses

Me esperaba comer solo salchichas, escalope vienés y tarta Sacher, sin embargo me encontré una oferta amplísima hasta para los que tienen problemas de intolerancias o siguen una dieta vegetariana o vegana.

Y sí, también es una ciudad muy romántica, quizás aún más romántica que París, pero también tiene un lado underground muy interesante.

Suele ser difícil escoger qué cosas ver cuando visitas una ciudad por primera vez: especialmente en una ciudad tan bonita como Viena, querrías hacerlo todo e intentas llenarte los días al máximo, aunque también está bien improvisar y dejarse sorprender por lo inesperado.

Aquí tenéis una lista de cosas que he visto y hecho en Viena por primera vez durante estos cuatro días.

1. Palacio de Schonbrunn (con visita de la ciudad en bus)

El Palacio de Schonbrunn es exactamente como lo imaginé: opulento, majestuoso y hermoso. Lo que no imaginaba es que sus jardines fueran tan grandes: hay fuentes de todo tipo, invernaderos de flores, laberintos, monumentos, colinas que subir y un mirador desde el que se puede admirar la ciudad desde lo alto y el palacio en su totalidad.

Schonbrunn

Algunos consejos prácticos: hay muchos recorridos guiados para hacer en Schonbrunn: si sois amantes del arte y la historia os aconsejo escoger el que dura más para hacer una visita en profundidad. También existe la posibilidad de llegar al palacio a bordo del autobús que, antes de llegar a Schonbrunn, hace un tour por la ciudad; es la opción ideal para los que visitan Viena por primera vez, para tener una visión más general de Viena y también para ver lugares y barrios que, quizás, durante una primera visita de pocos días, no son lo más prioritario de la lista de cosas que ver, así como para descubrir anécdotas divertidas (¿sabías que la reina Isabel visitó Viena y se llevó su propio té de Londres? Yo no).

Ruinas romanas en Schonbrunn

Si utilizáis la opción del bus turístico, os aconsejo no dejar nada a bordo: así, tras la visita guiada al castillo, tendréis libertad de disfrutar de los jardines tanto tiempo como queráis. Por último, aunque no menos importante, pase lo que pase no comáis los bocadillos que venden en el claustro del castillo: son malísimos y en la etiqueta no figuran todos los ingredientes que llevan (lo que significa que podrías encontrar montañas de huevo duro y cebolla en un bocadillo que parece de queso). En vez de esto, es mejor parar en el restaurante que se encuentra justo al cruzar la verja principal y, especialmente, recomiendo su tarta de plátano y chocolate.

2. La catedral de San Esteban

Una catedral gótica estupenda que tuve la suerte de visitar durante un concierto de góspel, adornada con instalaciones de arte contemporáneo. Una de las peculiaridades que salta a la vista es el techo recubierto de azulejos de colores formando el perfil de un águila. El hecho que aún esté sucia y ennegrecida la hace especialmente fascinante.

El interior de la catedral de San Esteban

3. La Secesión

El palacio de la Secesión es el lugar donde empezó todo. Del exterior es hermosísimo, con la cúpula formada por un entramado de flores de oro. El interior del museo es muy minimalista y en los pisos inferiores es posible admirar el célebre Friso de Beethoven de Gustav Klimt. También hay diseños bellísimos de otros exponentes menos conocidos (y quizás por esto aún más interesantes) de la Secesión Vienesa.

El palacio de la Secesión
Parte del Friso de Beethoven de Gustav Klimt

4. Universidad de Viena

Pasé de casualidad mientras me dirigía a la casa museo de Freud (que desgraciadamente encontré cerrada por renovaciones que se alargarán aún otro año). Como todos los palacios en Viena, también el de la universidad es majestuoso. Escalinatas amplias, vidrieras antiguas y un bellísimo jardín con árboles bajo los que sentarse a estudiar, un bar y tumbonas para los estudiantes menos voluntariosos.

Universidad de Viena

5. Café Sperl

Viena es conocida tanto por la tarta Sacher como por su cafeterías. Elegantes y antiguas, basta con entrar para dar un salto al pasado. El Café Sperl también cuenta con un billar muy bonito y varias opciones vegetarianas en el menú.

El billar del Café Sperl

6. Danubio

El “bello Danubio azul” se encuentra prácticamente en los límites de la ciudad, pero un canal del río la divide: más allá de este curso de agua está la zona más moderna de Viena y la Judería, mientras a orillas del río, debajo de los puentes, hay locales con hamacas y tumbonas perfectas para relajarse y tomar el sol, paredes decoradas con murales, y a menudo casetas y puestos de pequeños festivales musicales locales.

Arte callejero y locales a orillas del canal del Danubio.

7. Naschmarkt

Me apasionan los mercados y los puestecitos de todo tipo, y por esto visitar el Naschmarkt fue la primera cosa que hice en Viena. Se trata del mercado más grande de Viena, enmarcado por los elegantes palacios modernistas de la ciudad. Hay puestos de flores, de fruta, de verdura, de especias y adorables locales que tras la puesta de sol se animan con cócteles, música y platos típicos.

Naschmarkt

8. Museo Leopold

Uno de los museos más interesantes que jamás he visitado. La colección incluye las obras más importantes de los artistas austriacos. Quedé encantada ante las obras de Egon Schiele (desde siempre uno de mis artistas preferidos), Sergius Pauser y Kokoschka (que conocía poquísimo). También son muy bonitas las salas que acogen piezas de diseño modernista.

Museo Leopold

9. Volksgarten

Viena está llena de parques. El Volksgarten para mí es uno de los más representativos: saliendo del Museo Leopold hay que cruzar la plaza Maria Theresien, donde se encuentran la estatua de María Teresa de Austria, el Museo de Bellas Artes y el Museo de Historia Natural; por su parte, en el interior del parque se encuentran el Museo de Etnología y la Casa de las Mariposas, y justo fuera están el Parlamento y el Burgtheater.

Museo de Historia Natural y estatua de María Teresa

10. La Ópera

Hablando de teatro, la Ópera de Viena es una de las más importantes del mundo. Si tenéis la oportunidad, os aconsejo comprar entradas para ver un espectáculo, y si no podéis coger sitio en el lado derecho del teatro para asistir a la ópera, gratis, gracias a una megapantalla.

11. Kebab

En Viena un kebab es obligatorio, igual que lo sería en Berlín. Pregunté por el mejor kebab de Viena y me mandaron al Berliner Doner: carne bien especiada, mucha, pero también un montón de verduras frescas y una tierna tortilla de dimensiones notables. En Zieglergasse 33A.

12. Tarta Sacher

Podría decir que elegí Viena solo para poder comer la famosa tarta Sacher, pero estaría siendo reduccionista, aunque seguramente esto haya tenido bastante que ver. Qué decir, comí como mínimo un trozo de Sacher por día, y os aconsejo hacer lo mismo.

Tarta Sacher

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