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10 obras de arte imprescindibles en el Met

10 obras de arte imprescindibles en el Met

Musement te trae las 10 obras de arte imprescindibles del Museo Metropolitano de Arte (Met), desde Retrato de Madame X de John Singer hasta La muerte de Sócrates de Jacques-Louis David.

El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, más conocido como el Met, es uno de los mejores museos del mundo y, con diferencia, el mayor de Estados Unidos. El legendario museo, fundado en 1870, alberga más de 2 millones de obras, algunas de las cuales se remontan a 5000 años atrás.

Los amantes del arte pueden pasarse días recorriendo sus salas, en las que encontrarán desde piezas del antiguo Egipto hasta los grandes movimientos artísticos europeos, así como ejemplares del arte americano y moderno. Para que te hagas una idea del tamaño, tan solo la colección permanente ya ocupa diecisiete departamentos diferentes.

Para ayudarte a planificar tu visita, hemos recopilado las 10 obras de arte imprescindibles que no te puedes perder cuándo visites el Met.

1. Autorretrato con sombrero de paja, Vincent van Gogh, 1887

Este es uno de los cuadros más famosos de Vicent van Gogh. El artista lo pintó durante su estancia en París (1886-1888). Mientras vivía con su hermano, Van Gogh compró el mejor espejo que pudo permitirse y realizó más de veinte autorretratos. A menudo, cuando no podía contratar un modelo o cuando simplemente no le apetecía socializar, él mismo era el protagonista de sus propios cuadros. Como en muchas de sus creaciones, el famoso pintor postimpresionista muestra su dominio de la técnica del empaste, y las pinceladas cortas y afiladas dejan entrever su personalidad. Galería 825.

2. La muerte de Sócrates, Jacques-Louis David, 1787

Esta obra neoclásica representa los momentos previos a la muerte del gran filósofo Sócrates. Se cree que en la antigua Atenas Sócrates fue condenado por corromper a la juventud y por no creer en los dioses. Ante la disyuntiva de renunciar a sus ideas o beber cicuta envenenada, Sócrates optó por la segunda opción y murió por sus creencias. En este cuadro, Jacques Louis David representa a un anciano Sócrates sentado en la cama, con una mano a punto de coger la copa de veneno, mientras que con la otra apunta hacia arriba (¿quizás al cielo?). Sus seguidores miran incrédulos, algunos tapándose los ojos con las manos, mientras Sócrates les da un último sermón. Se dice que la mujer del fondo, con la mano levantada, es la esposa de Sócrates despidiéndose de su marido. Galería 614.

3. Cráneo de vaca: rojo, blanco y azul, Georgia O’Keeffe, 1931

Este óleo sobre lienzo de Georgia O’Keeffe forma parte de la colección de Alfred Stieglitz y representa su visión de la «gran historia americana». Después de pasar un tiempo en Nuevo México y en Lake George (Nueva York), su interés por la pintura cambió. En lugar de los grandes edificios neoyorquinos, O’Keeffe se centró en la naturaleza, especialmente en las calaveras. En este cuadro, las superficies desgastadas y los bordes dentados de la calavera representan la belleza del desierto y la fuerza del espíritu americano. El fondo rojo, blanco y azul le da el toque patriótico final.

 

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4. Esfinge de Hatshepsut, ca. 1479-1458 a. C.

Hatshepsut, que significa «la primera de las nobles damas», fue la primera y una de las dos únicas faraonas de la historia del antiguo Egipto. Llegó al trono en 1478 a. C., a la edad de 29 años. Su esfinge, hecha de granito, muestra el cuerpo de un león con cabeza humana. Va vestida con el típico tocado de rayas y una barba postiza, dos de las características principales que distinguen a un faraón egipcio. Galería 131.

5. El Estanque de Ninfeas, Claude Monet, 1899

La serie Nenúfares de Monet es, sin duda, uno de los hitos de la historia del arte. Durante sus últimos 30 años de vida, el artista impresionista se volcó en el jardín de flores y en el estanque de su casa de Giverny, y capturó los efectos de la luz y el sol en más de 250 óleos. Este cuadro incluye el puente japonés, el cual aparece en 12 de los 18 cuadros que completó en 1899. Este clásico es una visita obligada en el Met. Galería 819.

 

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6. Virgen con el Niño entronizados y santos, Rafael, ca. 1504

El artista renacentista completó esta obra a principios del siglo XVI, como parte del Retablo Colonna para el convento de San Antonio de Padua en Perugia. Se cree que la elección de la vestimenta conservadora de los santos y del niño Jesús se debe a una petición de las monjas. De hecho, durante más de un siglo, el retablo estuvo en un área reservada estrictamente a ellas. En la parte central de la obra, María aparece sentada en un trono, rodeada de santos, y con la mirada puesta en el niño San Juan Bautista. El dosel semicircular de la parte superior muestra el mundo divino, con un ángel a cada lado de Dios Padre. Galería 962.

7. Retrato de Madame X, John Singer Sargent, 1883-1884

La obra más controvertida de Singer también está considerada, curiosamente, su mejor trabajo. Madame X era Virginie Avegno Gautreau, la esposa estadounidense de un banquero francés, muy conocida en París por su belleza y buena apariencia física. Singer tuvo la oportunidad de retratarla para el Salón de París de 1884. El vestido de satén negro de la protagonista del cuadro contrasta a la perfección con su piel pálida. La primera versión del cuadro, en la que uno de los tirantes se deslizaba sobre el hombro de Virgine, causó un gran revuelo e incluso se pidió que se retirase de la exposición. En la actualidad, esta es una de las piezas más populares del Museo Metropolitano de Arte, entre otras cosas por la historia que se esconde detrás. Galería 771.

8. Ritmo de Otoño (Número 30), Jackson Pollock, 1950

El artista estadounidense Jason Pollock es uno de los impulsores del expresionismo abstracto. Ritmo de Otoño (Número 30) es una de sus obras más notables y fue toda una revolución en el mundo del arte moderno y contemporáneo. Mediante el uso de la técnica del dripping consiguió una libertad total para pintar a su antojo, dejando «gotear» la pintura sobre un gran lienzo. Pollock no solo tuvo una gran influencia en el mundo de la pintura, sino también en el sector de la moda. Galería 919.

 

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9. Aristóteles contemplando el busto de Homero, Rembrandt van Rijn, 1653

Este retrato del filósofo griego Aristóteles se considera uno de los mejores retratos del siglo XVII. Con una mano en la cadera y la otra tocando el busto de Homero, Aristóteles parece estar contemplándose a sí mismo. ¿Está comparando su éxito con el de Homero? El pintor holandés ilumina el rostro de Aristóteles a través de un rayo de luz que, desde el punto de vista del espectador, podemos llegar a pensar que entre por una ventana (aunque esta no aparezca en el cuadro). Esta obra de estilo barroco fue realizada para el mecenas siciliano Antonio Ruffo. Galería 964.

 

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10. La clase de danza, Edgar Degas, 1874

El pintor impresionista francés realizó varias obras sobre la danza, en las que las bailarinas son las protagonistas. Degas pudo perfeccionar la postura y los movimientos corporales de las bailarinas tras asistir a los ensayos de danza del maestro francés Jules Perrault en la Ópera de París. Esta obra en particular muestra a una bailarina ejecutando una attitude mientras Perrault la observa. Se puede ver a otras bailarinas practicando sus movimientos mientras esperan su turno. Degas era un maestro del sombreado, y con esta obra lo deja claro. La otra variante de esta obra, Clase de ballet, se encuentra en el Museo de Orsay. Galería 815.

 

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